Por Víctor Suárez
Sólo soy un ser humano,
me amo tanto, que puedo ser capaz de amar a los demás, como a mi mismo.
Claro, los de almas misericordiosas, los de almas nobles, amo sin
obstáculos a aquellos que son capaces de quitarse el pan de sus bocas,
para alimentar a sus prójimos. Incluso, me amo de tal modo que hasta
puedo amar a los malvados, eso si, bajo sus mismas condiciones.
No preciso, ni quiero grandes cosas, cosas burdas, ni me deslumbra el
lujo, ni oro.
Quiero una almohada para descansar mi entendimiento y un cacho de pan
para mitigar mi hambre.
Después para vivir no necesito nada, nada más que mi alegría, porque
cuando me regocijo, puedo ver la risa, mi risa, proyectándose en el
corazón de mis semejantes.
No concibo nada por compromiso, responsabilidad o por obligación, no
lo haría, y el día que así sea, ya no estaré en armonía con mi propia
vida.
Quiero y prefiero hacer las cosas por amor, así no me verán abatido,
cansado, o enfadado por el peso de la obligación.
Un hombre apesadumbrado, es un ser mórbido, pesimista, e infeliz,
capaz de destruirse así mismo y destruir a quien más cerca de él esté,
y creo que ese hombre ha construido un ambiente al lado suyo, lleno de
obligaciones y responsabilidades, y tal vez, lleno de riquezas, pero
muy carente de amor y de armonía consigo mismo. que mi oblación sea el
amor por lo que hago y por los mios.
Los infaustos influyen tanto en los demás, como la alegría influye al alma.
Por eso me alejo de ellos, para no contaminar mi ser.
Escojo las actividades a las que me dedico, las que puedo hacer con
amor, a las que puedo entregarme por entero, las que puedo disfrutar
cuando las hago, y en las que puedo crecer con ellas.
Elijo a las personas con las que vivo, las que no se pasan la vida
culpándose, ni culpándome de sus males, o aquellas las cuales llenan
de tristeza mi entorno, ni aquellas, en que su mundo de fortunas está
tan fuera de si, que su interior es un mundo lleno de miseria y
angustia.
Huyo de los que buscan desesperados la riqueza, son pobres de corazón
y de alma, incapaces de disfrutar de las cosas sencillas.
Huyo de los que sufren por alcanzar lo inalcanzable. Los deseos llenan
de tristeza el corazón de los hombres.
Mi espíritu se llena de la luz del universo, cuando a través de lo que
hago puedo irradiar tanta lumbre que puedo tocar otros ánimos.
No me ato a nada que condene mi pensamiento a la sordidez, soy libre
como la luz, por eso puedo caminar entre las iniquidades sin
contaminarme, por eso puedo sentirme colosal cuando las almas
disminuidas quieren arrastrarme a su pequeño mundo.
Me alejo constante, de aquellos que atraen la tristeza con su
exasperada búsqueda de lo ilusorio, llegando asi, a la funesta
desgracia de la angustia, a través de pretextos nocivos al diario
vivir, su negativa visión, no los deja ver, ni sentir la grandeza que
los circunda en cada paso del día.
El mundo esta lleno de cosas hermosas
¿Por que el afán de ver los detalles horripilantes? Me alejo de esos
que ven el dolor en sus vidas como algo normal, el dolor lo atraen sus
actos y entonces se vuelven aburridos, y me alejo de aquellos que a
otros le proporcionan dolor y tristeza, porque son indolentes.
Esa no es la voluntad del universo.
El cosmos es la luz es el bien, es la opulencia, es la alegría, es el amor.
Ay! de aquellos que desvirtúen esta condición cósmica, todo el peso de
la ley universal caerá sobre sus almas, el día que el todo poderoso lo
llame a juicio, a rendir cuentas de sus hechos aquí en la tierra, a la
que un día llegó con un único propósito, la única condición de servir
a los demás, como el sol, como el río, como el mar, como el viento,
como las aves, como los árboles, como los animales, como el universo
mismo, como Dios.
Vivir en el amor es vivir en alegría, como tal, busco cada segundo
llevar el afecto como estandarte, porque quiero ser feliz las más
veces posibles durante el día que me pertenece, este que estoy
viviendo hoy, el cual podría ser el último espacio de mi vida aquí en
la tierra.
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