El trabajo infantil

Santiago.- El sol de la 1:00 de la tarde es caribe en pleno verano. A esa hora, decenas de niños entre cinco y 15 años cubren seis horas de trabajo. Su color se confunde con el embarre de lodo en todo el cuerpo. Con las espaldas dobladas y de frente a la tierra que acumula agua que casi hierve sus pies descalzos, se hunden, muchas veces casi hasta llegar más allá de las rodillas.

Entran y sacan las manos a la velocidad de una máquina, se pueden comparar con las revoluciones de las cuchillas del tractor que otro de sus amiguitos guía en el mismo corte.

En cada una de esas vueltas a sus manitas, dejan sembrada una mata de arroz, el que tú y yo nos comemos.

A las 6:45 de la mañana se ven desfilar, no en los senderos que conducen a las pequeñas escuelas, sino a los sembrados. Unos para coger el timón de un tractor, otros a medir la tarea de tierra por la que se van a ganar los 300 pesos del día, para levantar sacos de arroz y ponerlos a lomo de un caballo, coger una bomba de tirar pesticidas o cualquier veneno, y realizar cualquier proceso para el cultivo del cereal.

El trabajo infantil es un término con el cual la mayoría de la población cree estar asociada, ya que piensa: “En este país el que no trabaja no puede vivir”. El Plan Estratégico Nacional Para la Erradicación del Trabajo Infantil como explotación laboral, revela que alrededor de 400 millones de niños en el mundo están bajo las peores condiciones de trabajo infantil.

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